¿Nunca te has encontrado en la situación de no poder conseguir las llaves de una casa comprada en subasta por la existencia de un okupa bien asesorado y la desastrosa coincidencia de que el juzgado donde se llevan a cabo los trámites de la adjudicación es una cueva de vagos incompetentes? pues lee y verás cómo echar okupas legalmente de nuestra propiedad no es tan difícil.
Hace un año yo estaba exactamente en esa misma situación y a continuación te voy a explicar la sencilla estrategia que apliqué para solucionar el problema, que la okupa se fuera voluntariamente y sin que la broma me costara ni un euro.

1. Los antecedentes: cómo echar a una okupa listilla con mucha labia
Esta es la historia de una adjudicación en subasta y posterior venta de un piso que había sido okupado por una joven madre soltera de unos treinta años a la que conocí cuando estaba investigando la citada subasta.
La mujer no era una okupa al uso. Tenía un cierto nivel cultural y defendía con argumentos contundentes su derecho a una vivienda digna.
(sí, joder, derecho a una vivienda, sí, pero NO derecho a MI VIVIENDA)
Además la tipa estaba muy bien asesorada por una especie de asociación antisistema (financiada en parte con fondos públicos) que hay en el Barrio de Hortaleza de Madrid, a cuyas reuniones asistía puntualmente cada semana.
Precisamente fueron los de esa asociación pro okupas quienes le indicaron que el piso estaba vacío y la ayudaron a descerrajarlo y okuparlo, que también manda huevos. Igualmente la asesoraron sobre cómo auto denunciarse ante la policía para tener algún documento que llevar al ayuntamiento de Madrid para empadronarse en ese domicilio.
O sea, todo muy edificante.
Pero el caso es que era una mujer con la que se podía hablar tranquilamente y me pareció que tras la subasta no tendría problemas en negociar fácilmente un desalojo pacífico.
El piso estaba en unos bloques en los que han realojado a un par de familias gitanas en cada portal, lo que ha reducido a la mínima expresión la demanda en esta esquina del barrio y por ende el precio de los pisos.
No obstante, como no se me da mal vender este tipo de pisos ni tampoco le temo a los okupas, decidí participar en la subasta y me la adjudiqué muy barata.

2. El problema sobre cómo echar okupas: la okupa que sabía de números
En cuanto rematé el precio de la adjudicación me fui a verla de nuevo y ahí me llevé el primer chasco.
La okupa seguía siendo una persona con la que se podía hablar pero de desocupar el piso nada de nada. Tenía muy claros los plazos judiciales y me expresó directamente su intención de aprovecharse de la lentitud de la Justicia hasta el último minuto.
– ¿Pero… es que no tienes dónde ir?
– Claro que sí. Cuando no me quede más remedio me iré donde mi madre, pero mientras tanto estoy mejor aquí.
Sus cuentas estaban claras. Si yo quería que se fuera y me entregara las llaves tendría que pagar doce mil euros. De lo contrario, que no la molestara.
Esas eran sus cuentas.
3. La impostura. La cara amable del subastero
Lo he dicho mil veces pero no me importa repetirlo.
Los subasteros que van a ver a los ocupantes de sus casas recién adquiridas y llegan pisando fuerte, elevando el tono de voz y profiriendo amenazas lo tienen peor que crudo.
Hasta que el adjudicatario esté en posesión de la vivienda es el actual ocupante quien tiene la sartén por el mango. De forma que es una soberana tontería discutir con él, elevar el tono de voz o amenazarle con volver acompañado de la policía.
Hace falta ser imbécil para encabronar al que está en posesión de tu piso recién adjudicado.
Y la prueba definitiva de que mi método suave es mucho más eficaz que los métodos broncos de otros es mi estadística, que dice que en los 25 años que llevo participando e invirtiendo mi dinero (y el de otros) en las subastas, nunca jamás le han causado ni el más mínimo daño a ninguno de mis pisos.
Ni uno solo.
Nunca.
A ver, claro que he comprado en subasta viviendas en muy mal estado, como todo el mundo.
Y por supuesto que también he comprado viviendas que habían sido vandalizadas. Pero siempre porque ya estaban en ese estado al salir a subasta y no porque el ocupante causara los destrozos para perjudicarme personalmente a mi.
De manera que tampoco en esta ocasión agrié el gesto y me despedí de la joven okupa con buenas palabras y promesas de regresar con un acuerdo que fuera bueno para ambos.
Aquí he de añadir también que yo nunca les comento que sea subastero ni que me dedico a comprar los pisos para especular. Decir algo así sería como restregarles tu éxito y jactarte de estar aprovechándote de su mala estrella.
No, nada de eso.
Mi esquema de mentiras es siempre el mismo. Yo soy medio tonto y pasaba por aquí, y me he dejado convencer por un amigo que es abogado y que me prometió que no tendría problemas y fíjate ahora, me he gastado todos mis ahorros y encima les debo tropecientos mil euros a mis padres y además vivo de alquiler, por favor necesito que te vayas cuanto antes, por eso te ofrezco lo que me debe mi empresa de pagas extra, pero por favor vete ya.
Con esta imagen de ingenuidad consigo que el demandado ex propietario de la vivienda recién subastada me vea como a un semejante, alguien que solo ha tenido un poco más de suerte que él mismo o, simplemente, que se ha organizado mejor, pero lejos de la imagen del taimado especulador capitalista que se lucra con la mala suerte de los explotados por el capitalismo.
Hay que tener en cuenta que un proceso de subasta los ex propietarios están en una de estas dos situaciones:
- Son conscientes de que la responsabilidad de lo que les ha pasado es de ellos por no haber pagado sus deudas.
- Están convencidos de que la culpa es del Capitalismo y de los bancos que les pusieron una pistola en el pecho para obligarles a pedir el crédito y que luego han provocado una crisis mundial para tener excusas para dejarles en la calle y sin trabajo.
Con los ex propietarios que aceptan su responsabilidad es muy sencillo llegar a acuerdos amistosos porque son gente muy razonable que de ninguna manera le hacen al adjudicatario de la subasta responsable de su mala estrella.
En cambio los segundos están demasiado enconados y es imprescindible hacerles ver que el malo de la historia ha sido el banco acreedor y que nosotros NO tenemos nada que ver con él.
O sea, que con los de este segundo grupo se hace más necesario aún adoptar el «disfraz de pringado que pasaba por allí».
Porque como te identifiquen con el sistema que los ha dejado sin vivienda, entonces estás listo…
En cualquier caso, si conseguimos que el ex propietario se trague nuestro disfraz, entonces será casi imposible que nos provoque destrozos en la vivienda. Porque hay que ser de muy mala índole y tener muy malas entrañas para hacer semejante putada a alguien normal y corriente, alguien que es uno de ellos, un cualquiera.
Con los okupas la situación es un poco diferente, pero muy similar.
Simplemente tenemos que adaptarnos a la psicología del que esté dentro del piso.

4. El abismo insondable de la incompetencia judicial
De manera que me fui de allí con la idea de regresar cuando tuviera el decreto de adjudicación en mi mano y hubiera solicitado al juzgado la posesión del inmueble.
Así, ya con hechos, quizá podría demostrarle que los juzgados no son tan mantas como todo el mundo cree ni los plazos judiciales tan largos.
Y lo que pasó es que esto último era mentira y chocó con la realidad.
Topé con una funcionaria indolente en un juzgado galopantemente pésimo. No se cuántos escritos tuve que presentar hasta que finalmente me entregaron la documentación necesaria para pagar el ITP e inscribir el título.
¡¡Nueve meses después!!
Y mientras tanto, yo había hecho alguna otra visita a mi joven amiga.
Y la había ido conociendo mejor.
Resulta que no era ni de lejos la okupa irredenta que me había parecido. Además era una buena madre que se preocupaba mucho por su hija de 8 años y me repitió varias veces que ella nunca apuraría su estancia en la casa hasta el final porque a lo que más miedo le tenía era a que su hija viviera el shock del desalojo forzado, la Autoridad llamando a la puerta y la policía entrando por la fuerza.
Me hizo prometer que yo la avisaría unos días antes para que tuviera tiempo de irse.
De manera que en julio llevé los documentos al Registro de la Propiedad y solicité la posesión de la casa al pésimo juzgado que me había tocado en suerte.
Y luego me fui a verla de nuevo con copia de toda esta documentación y conseguí convencerla de que el desalojo sería a la vuelta del verano, con lo que llegamos al acuerdo de que se iría antes de agosto y yo la entregaría 1.200 euros en compensación.
¿He dicho ya que los tratos entre el adjudicatario y el ocupante de la vivienda subastada son un diálogo entre mentirosos?
Pues siento decirlo pero es así. Y si el ocupante es más bien okupante, es decir, de muy baja estofa, entonces los acuerdos están prendidos de alfileres hasta el último minuto.
En ese juzgado, dada su negligencia creciente y con el relevo reciente de su secretaria judicial, no era previsible que me dieran la posesión hasta al menos enero del año siguiente. Así de mal pintaban las cosas en ese juzgado.
Pero a mi ya me daba igual, porque había alcanzado un acuerdo y la okupa me iba a dar las llaves en un par de semanas.
5. Y aún más incompetencia judicial
Pero esta subasta estaba atravesada y aún me habría de hacer sufrir.
Me llamaron del Registro de la Propiedad para comunicarme que rechazaban los documentos que les había llevado por lo que habitualmente se llaman «errores subsanables», que son los errores que ha cometido el funcionario judicial en la redacción del texto y que en cuanto los corrija podrán admitir de nuevo los documentos.
¿He dicho errores en la redacción del texto?
Borra eso.
Esta funcionaria no redacta nada sino que se limita a un inmundo copia/pega de tal intensidad que al final no sabe ni de dónde lo copia y dónde lo pega.
O sea, un desastre.
Y aún peor, cuando se lo llevo con la súplica de que le haga en un periquete la típica «adición» que lo resuelva todo, va y me dice que de eso nada, que lo pida por escrito y que ya lo hará cuando toque y si procede.
Protesté y lo intenté con la secretaria judicial nueva, pero ésta también me dio calabazas y encima se cabreó por molestarla por esa»menudencia».
Y a la funcionaria tampoco le sentó nada bien que me la saltase para hablar directamente con la secretaria.
Así que echo cuentas y calculo que ese trámite, en ese juzgado, podrían ser más de cuatro meses de retraso.
Completamente inadmisible.
Y ya estoy tocando el fondo de mi paciencia.
Pero no importa porque la okupa y yo tenemos un acuerdo y se va en unos días.
6. Y donde dije digo ahora digo Diego
Pero mientras tanto, a la cabrona ésta, los de la asociación la han convencido de que voy de farol y de que por mucho que ya haya solicitado su desalojo, del dicho al hecho hay mucho trecho y que por muy rápido que ahora quisiera correr el juzgado, ellos la aseguraban de que al menos podría estar allí apalancada otros seis o diez meses.
Otra mentira.
Esta vez de ellos.
Porque ni tanto ni tan calvo.
Ni era cierto que el desalojo podría ser en septiembre, ni tampoco que pudiera irse hasta mayo o junio del año siguiente.
Pero el caso es que ella pensó que si iba a aceptar mi dinero, cuanto más tarde mejor y que, además, si yo estaba dispuesto a darle mil doscientos euros, quizás estaría también dispuesto a darle tres mil.
Así me lo dijo, tal cual.
La cabrona.
7. Y finalmente, la cara menos amable del mismo subastero
Así que sin acuerdo y de nuevo sin decreto de adjudicación, allí estaba yo echando pestes y amargado por la incompetencia de unos y la falta de palabra de la otra.
Había que jugar fuerte. Tendría que desalojar a la okupa por la fuerza, pero… ¿cómo echar okupas a la fuerza? creedme, no es nada sencillo. Mucho mejor que echar okupas a la fuerza es elaborar estrategias para desalojar okupas legalmente.
Aquí un ejemplo de cómo desalojar okupas legalmente o, mejor dicho, al filo de lo legal: sacar un clavo con otro clavo.
Hasta que decidí correr algunos riesgos y jugar fuerte la baza del miedo que la misma okupa me había revelado que tenía.
¿No dices que tienes miedo a que venga la policía y al alboroto que se montaría?
¿No temes el shock que afectaría a tu hija en tal situación?
Pues te voy a hacer creer que lo tienes a la vuelta de la esquina y que, además, hasta te pueden quitar a tu hija.

Sí, ya lo se, soy un cabronazo.
Pero un cabronazo muy salao.
Así que el miércoles 14 de octubre, por la mañana, simulando como que una comisión judicial había estado en el piso preguntando por ella, le metí el siguiente documento por debajo de la puerta:

Esta diligencia del Servicio Común de Notificaciones y Embargos sí que es un copia/pega bien hecho. Simula el impreso que los agentes del Servicio Común de Notificaciones y Embargos rellenan cuando le entregan alguna diligencia a los ejecutados. Espero que comprendáis que haya borrado con tipex algunos pocos datos comprometedores.
(Lo cierto es que me podría meter en un buen lío si todo esto que voy a relatar a continuación no fuera una sarta de mentiras fruto exclusivamente de mi imaginación calenturienta y de las excesivas novelas de espías que he leído).
Fijaros en el detalle de que en la diligencia falsificada el supuesto agente dice haberle entregado documentación importante a una vecina del edificio.
Esta es la clave de este documento.
Porque…
A continuación, al día siguiente, jueves 15 de octubre le vuelvo a colar el infierno por debajo de la puerta.
Pero esta vez con dos papelajos diferentes.
Primero la nota que una supuesta vecina le ha escrito contando que el día anterior estuvieron los del juzgado preguntando por ella y que le dieron un documento que ahora ella le entrega por debajo de la puerta.
Esta es la nota:

Obsérvese la hábil adaptación a la forma de escribir de algunas de las ilustres vecinas del lugar. La letra es casi como la de los niños pequeños y está escrita sobre una hoja del típico cuaderno de estudiante.
Y en segundo lugar… la bomba atómica.
El documento que el juzgado le hubiera entregado a ella de haber estado en su casa el día anterior pero que le tuvo que entregar a una vecina con la orden de hacérselo llegar. En dicha diligencia de ordenación el juzgado le ordena desalojar la vivienda antes del lunes 26 de octubre con advertencia de perder su muebles y, ahora viene lo bueno, con la expresa amenaza de quitarle a la hija y ponerla bajo la tutela del ayuntamiento hasta que acredite haber encontrado un hogar adecuado donde vivir.
(Por cierto, que a nadie en su sano juicio se le podría ocurrir que algo así fuera posible)
Aquí está el supuesto documento (como siempre, fruto de mi acalorada imaginación y quizás de las sustancias que ingiero de vez en cuando). Lamento decir que también he borrado con tipex algunos datos:


Conclusión, que el lunes 19 de octubre fui a visitarla para reforzar la idea de un desalojo inminente (tal como la había prometido hacer, avisarla con tiempo) y me encontré con la casa vacía.
¡¡Había dado resultado!!
¿Echar okupas a la fuerza? Noooo, mucho mejor usar la cabeza para dilucidar cómo desalojarlo okupas legalmente.
Los vecinos de la puerta de al lado me lo confirmaron. La tipa ni siquiera esperó al fin de semana, en cuanto leyó la segunda nota salió pitando.
Dos horas después de esa información estábamos el cerrajero y yo cambiando la cerradura e instalando un FAC con bombín de seguridad de no se cuántos puntos.
Y a la semana siguiente cambiamos la puerta de seguridad por una acorazada.
Porque en esa esquina de Sanchinarro y con esa vecindad no se puede andar con el bolo colgando.
8. Y colorín colorado…
Este cuento se ha acabado.
Porque como mis perspicaces lectores habrán entendido perfectamente, esto no ha sido más que un ejercicio literario, un entretenimiento fruto de la calenturienta imaginación de su autor.
A quién le cabe en la cabeza que alguien tan serio y formal como Tristán el Subastero haya podido incurrir en semejantes prácticas deshonestas y, aún peor, ilegales.
Pero por si acaso a alguno le ha parecido una buena idea y decide replicar lo que hasta ahora no ha sido otra cosa que un ejercicio literario, le sugiero que en los documentos pseudo judiciales no incluya ningún dato que sea real y verificable. Solo el nombre del juzgado puede ser real, el resto debe se todo inventado.
Y ojo con la letra. Que al aspirante a falsificador ni se le ocurra escribirlo él mismo con su propia letra.
Y así, si le pillan, siempre podrá decir que él no ha tenido nada que ver con aquello y que seguramente se habrá tratado de rencillas entre okupas.
Y en cualquier caso, lo que digo siempre: mejor que vernos obligados a desalojar okupas a la fuerza utilizando un método más o menos legal es aprender bien las claves para defendernos de ellos de forma que no tengamos que vernos obligados a recurrir a la incompetente (in)Justicia española.
9. ¿Sabes que existe un curso en el que se pueden aprender estas estrategias?
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Soy Héctor Arderíus, pero todos me conocen como Tristán el Subastero.
Y no puedo terminar sin haceros la siguiente pregunta.
Este post tiene más de 3.000 palabras, ¿me estaré volviendo un brasas? ¿el típico abuelo cebolleta largando sus historias de la mili?
Ahora en serio, la verdadera pregunta es ésta otra:
¿Qué opinión os merece la ilegalidad de los actos aquí imaginados?
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