
Avalar a un familiar no es un acto de amor sino una gran tontería.
Estos días se ha puesto de moda el problema de los avales a cuenta del desahucio de una anciana de 85 años que cometió el error de creer que avalar al gilipollas de su hijo era un acto de amor en vez de lo que realmente es, un acto económico de consecuencias fatales.
También podría decirse que es un acto de fe en la credibilidad, solvencia y buenas intenciones del avalado.
Pero mucha gente sencilla no entiende lo que significa ser avalista. Cuando avalamos con nuestra garantía personal a un familiar estamos arriesgando todo nuestro patrimonio, presente y futuro.
En los contratos, junto al término avalista deberían añadir, «el que pierde su casa en caso de impago».
Y al escribir la palabra avalar en Google, el primer resultado debería ser la foto de un tipo con orejas de burro.
Lo repito, avalar es muy mala idea.
El banco, además, suele endurecer las condiciones incluyendo la fórmula del aval solidario, con renuncia a los beneficios de orden, división y excusión.
Es decir, que el acreedor no va intentar cobrar la deuda actuando en primer lugar contra el deudor principal y después contra el fiador ni tampoco va a dividir la deuda entre los varios fiadores sino que actuará contra quien estime más conveniente, contra aquél cuya solvencia sea mayor, o simplemente mas fácil de convertir en dinero.
Por cierto, que recientemente ha habido una resolución judicial que ha considerado esta cláusula como abusiva porque con ella «el fiador solidario no es un simple avalista, sino que se transmuta en auténtico deudor (…) convirtiendo en desproporcionada la renuncia a esos derechos».
Con esta fórmula, lo único que le queda al avalista es el derecho a exigir posteriormente al deudor principal las cantidades que haya tenido que pagar al banco. Triste derecho cuando se trata de un hijo o familiar, que además está en las últimas.
Y aún peor, a veces la situación de impago se produce porque el hijo o la hija avalados se han divorciado y la ex-pareja cuyos padres no avalaron el crédito deja de pagar su parte sabiendo que serán sus ex-suegros quienes tendrán que pagar la fiesta.
Creedme, lo he visto muchas veces.
Hay mucho primo pagando a solas su hipoteca, sin ayuda de la ex pareja, sencillamente porque no puede dejar de pagarla ya que sus padres avalaron el crédito.
Lo vuelvo a repetir, avalar a un hijo es muy mala idea.
Una opción intermedia sería la de firmar como hipotecante no deudor, aportando como garantía una propiedad inmobiliaria. Con esta figura no estamos avalando con todo nuestro patrimonio, así en general, sino solo con la parte de la deuda que grava nuestra propiedad como garantía real del cumplimiento de las obligaciones del deudor.
Pero ojo, porque a veces los bancos piden tanto aval como hipoteca.
En este caso, el fiador otorga como garantía del pago de la hipoteca una propiedad concreta y su responsabilidad se agota con ella. No pone en peligro todo el patrimonio presente y futuro sino sólo un bien determinado. Es una de las opciones que se utiliza cuando el avalista no quiere arriesgar el conjunto de sus propiedades y prefiere tener una responsabilidad limitada.
Además la vivienda responde sólo en la parte hipotecada, es decir por la responsabilidad hipotecaria asignada a la finca registral
Un ejemplo sería cuando una familia solicita una hipoteca por el cien o el ciento veinte por cien de su valor de tasación. Como lo máximo que suelen conceder los bancos es un 80% de la tasación con esta fórmula pueden ofrecer la opción de hipotecar la casa de los padres para llegar a la cantidad que se necesita. En este caso los padres no serían avalistas sino hipotecantes no deudores.
Así limitan su responsabilidad a lo hipotecado, dejando a salvo el resto del patrimonio.
Lo malo de esta fórmula es que si el deudor no paga el banco ejecuta la hipoteca y en menos de un año el avalista pierde la propiedad. Por un lado limita los daños pero por otro la acción judicial es fulminante.
¿Y Tristán está completamente en contra de avalar?
No.
De hecho yo mismo he necesitado en alguna ocasión (y obtenido) el aval de mis padres y ahora mismo acabo de avalar el crédito hipotecario de una hija.
Pero el crédito de mi hija representa menos del cinco por ciento de mi patrimonio y si tuviera que hacerme cargo de su pago no sería mi ruina.
Lo que es de idiotas es ayudar a la familia a que puedan comprar su casa y para ello avalar una deuda que representa el setenta u ochenta por ciento del patrimonio del avalista. Si las cosas se tuercen no solo el familiar pierde su casa sino que arrastra al avalista, que también pierde la suya.
Ni los bancos deberían aceptar algo así ni la Ley lo debería permitir.
Porque hay mucho padre tonto suelto por ahí.
Los españoles hemos demostrado sobradamente que no somos responsables de nuestros propios actos y que cuando las cosas no salen como pensábamos no nos gusta asumir la consecuencia de los mismos.
Por eso se hace necesario que papá Estado nos trate como a menores de edad y prohíba de una vez que se pueda avalar con la vivienda familiar.
Y aquí el mismo asunto tratado magníficamente por un notario.
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Soy Héctor Arderíus, pero todos me conocen como Tristán el Subastero.
